LO ULTIMO

 

sábado, 23 de noviembre de 2013

La lista de nombres que más avergüenzan en Nicaragua.

Hay nombres realmente feos, que con solo oírlos evocan impresiones desagradables, como Rufina, Arsenio, Pancracia, Bibiana, Aniceto, Pantaleón, Mamerto. Hay otros nombres, que aparentemente no son feos, que son rechazados por las personas que los tienen, por encontrarlos muy raros o, al revés, muy comunes. En fin, esto de los nombres propios es, al parecer, una cuestión de gustos.

No elegimos nuestros nombres feos. Ese es el problema. Nuestros progenitores lo hacen por nosotros, seleccionando el nombre feo de diversas fuentes. En primer lugar, tomándolo de los parientes cercanos, cuyo nombre feo desean perpetuar: Anastasio, Crisanta, Rosendo, Casimira, Policarpo, Aristóbulo, Toribio, Hipólita.

En segundo lugar, tomándolo del Santoral, cuando el nombre feo coincide con la fecha de nuestro nacimiento: Simeón, Canuto, Cirilo, Oportuna, Nicodemo, Pelagia, Hilarión, Serapio, Sóstenes. O mejor aún, tomándolo de personajes históricos: Arquímedes, Godofredo, Maximiliana, Nepomuceno; de los cuentos de hadas, como Blanca Nieves; o como expresión religiosa: Esperanza de Jesús y Sagrario de Jesús.

Hay quienes, para afear los nombres, recurren a la traducción inglesa y en vez de María, Antonia, Miguel, Juan, Cristóbal, bautizan a los niños como, Mary, Antony, Michael, John, Christopher. No se nos escapa el complejo de inferioridad (extranjerismo), que está detrás de esta preferencia por el nombre extranjero.

El problema de los nombres propios resulta delicado cuando no corresponden a las características fisicas de las personas, como el caso de llamarse Blanca una negrita, y Linda una fea; o aplicar el apellido Delgado o Delgadillo a un gordito, o decirle Gordillo a un flaco. Más grave es endosarle a los varones, nombres de mujeres, como Mercedes, Encarnación, Inés, Carmen, Rosa, María, Guadalupe (Lupe), Concepción (Concho). Llama menos la atención cuando las mujeres llevan nombres de varones, como José (María José), René, Jacoba, Ramona.

Esto de los nombres feos inapropiados, solo causa problemas. Algunos llegan a sentirse avergonzados con sus nombres, al extremo de resentirse, o quejarse en su interior de sus progenitores, porque no supieron encontrar nombres más bonitos, habiendo tantos y tantos de donde escoger.

Los nombres feos apenan a sus dueños. Cuando los profesores pasan lista y mencionan sus nombres, sufren con los comentarios y risitas de los demás. Cuando son presentados a un desconocido, se sienten apabullados cuando el otro, creyendo haber oído mal el nombre feo, le insiste diciendo ¿Cómo dice que se llama usted?.

A veces, con los años, uno se va acostumbrando, o más bien resignando, a un nombre feo, y puede con el tiempo llegar a parecerle un nombre original e interesante. El autoconsuelo es pues, una de las salidas para los sentimientos de malestar que causa un nombre feo.

Uno puede pensar que después de todo, los nombres feos se recuerdan con más facilidad que los nombres bonitos y que si llegamos a ser famosos, a lo mejor, a muchos niños, por imitación les ponen en el futuro el mismo nombre feo que hoy nos causa pena a nosotros.

De acuerdo con las leyes nacionales, el nombre nos acompaña desde la cuna hasta la tumba; y si es feo, no podemos cambiarlo legalmente por uno más bonito, ni inventar uno nuevo. Las leyes nicaragüenses, a diferencia de otros países, ni siquiera contemplan este derecho. Si los padres le ponen a su hijo un nombre horrible, o un nombre del sexo opuesto, así tendrá que morir. “Sería justo un cambio de esta ley, para que cada ciudadano tenga derecho de cambiar el nombre feo que lo acompleja”.

Informate con " "

Radio La Voz del Norte. Todas las noticias en Radio y TV en directo. Siga la actualidad informativa en RVN, en www.radiolavozdelnorte.com

Publicar un comentario

 
Copyright © 2017 RVN
Estelí-Nicaragua RVN © RADIO LA VOZ DEL NORTE . | RVN