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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Nicaragua sufre dolorosa derrota frente a Jamaica, por eliminación a último minuto.

Jamaica remontó la serie tras vencer a Nicaragua a domicilio por 0-2 en el estadio Nacional de Managua, para avanzar a la cuarta fase de las eliminatorias de la Concacaf para el Mundial de Rusia.

En el partido de ida del pasado 4 de septiembre en en el Parque Independence, de Kingston, Nicaragua se impuso por 2-3.
Nicaragua llevaba cinco partidos ganados seguidos y estaba invicta en los primeros cinco encuentros de la actual eliminatoria de la Concacaf, pero no pudo darle la estocada final a los Reggae Boyz ni conquistar su objetivo de pasar por primera vez a una cuarta ronda clasificatoria hacia un Mundial. 

Increíble puede ser el calificativo más indicado para describir el arrojo y la entrega de la selección de fútbol de Nicaragua, que cayó este martes 0-2 ante Jamaica y se despidió de las eliminatorias a la Copa Mundial de Rusia-2018.

El sueño quedó apenas a dos minutos de convertirse en realidad; 88 minutos de puro coraje y excelente fútbol fueron insuficientes para materializar la quimera; Nicaragua desfalleció, millones de lágrimas inundaron el estadio Nacional de Managua y llenaron de luto a todo un bravo país.

Más de 20 mil hinchas, enardecidos, acudieron al parque futbolístico para apoyar a la Azul y Blanco en su odisea de eliminar a Jamaica, algo que muy pocos presagiaron, por historia y actualidad, por balompié y talento, por lógica.

Miles de banderas adornaban la instalación. Cientos de teléfonos móviles alumbraban los graderíos. Cornetas y pitos ambientaban la situación con un ruido atormentador pero apasionante, parecido al célebre "sonido" de las vuvuzelas del Mundial de Sudáfrica-2010.

Todo comenzó mágico, el ambiente era inigualable y lo más importante, el fútbol estaba presente, solo aguardaba por el pitazo inicial.

Nada más sonar el silbato del árbitro principal se detuvieron los corazones de miles de fanáticos, que dieron paso, expectantes, a los cauces del duelo.

Jamaica, que llegó con desventaja 2-3 del partido de ida, arreció en ataque desde los primeros compases, mientras Nicaragua se defendía con uñas y dientes, siempre sin perder de vista el arco rival.

A los 13 minutos, los Reggae Boyz jamaicanos marcaron la primera diana del encuentro, por intermedio de Darren Mattocks. Silencio sepulcral en el estadio Nacional, se escuchaba el sonido de las moscas.

Pero hasta ahí Nicaragua todavía estaba delante en el enfrentamiento global por la ventaja de los goles de visitante.

Los pinoleros comenzaron a ganar confianza, mejoraron la circulación del balón y la eficiencia de los pases, y poco a poco se convirtieron en claros dominadores del encuentro.

Incluso, en el minuto 27, Carlos Chavarría sonó un trallazo al más puro estilo de Cristiano Ronaldo, pero su intento impactó en el larguero de la portería de los caribeños y salió del terreno.

Todo estaba abierto, Nicaragua -contra todo pronóstico- dominaba los hilos del partido y Jamaica, sin ideas, padecía de nerviosismo por el tiempo.

Incluso, Norlán Lazo, en el 40, erró un disparo mano a mano, solo, contra el arquero jamaicano, algo imperdonable porque hubiera representado el gol de oro para la clasificación nicaragüense.

Así llegaron al final del primer tiempo. Ambos equipos necesitados pero Nicaragua con la ventaja de su parte y el omnipresente Juan Barrera en noche de gala ("abusó" de los defensas rivales con su juego explosivo).

La segunda mitad fue más de lo mismo, los nicas se adornaban con su juego de pases y combinaciones, mientras Jamaica ponía todo el músculo hacia adelante, en busca del gol que les diera el pasaporte a la cuarta ronda de las eliminatorias.

En el 70, Jamaica gozó de una doble situación de gol, pero en ambos casos el cancerbero de Nicaragua repelió los ataques, con dos intervenciones de lujo.

Todo era celebración y júbilo. Desde el minuto 80 toda la prensa, los aficionados y los federativos festejaban la clasificación, el hecho histórico supremo de la historia del deporte de Nicaragua, pero todavía faltaba lo peor, la caída libre del cielo al infierno.

Corría el minuto 88 cuando Simon Dawkins se encontró con un balón dentro del área pinolera y lo mandó a guardar al fondo de las redes. Era el 2-0. Significaba el fin del sueño y el comienzo de la pesadilla. Se desplomó todo un país en una milésima de segundo.

Cualquier descripción del momento sería banal. Fue impresionante ver el sufrimiento a flor de piel de miles de personas y de un puñado de jugadores y técnicos.

Solo pudiera decirse que Nicaragua cayó con las botas puestas, ante un rival enorme de la región, favorito en todas las quinielas.

Según Dawkins, héroe para Jamaica y villano para Nicaragua, "el futuro de la Azul y Blanco es más que prometedor, ese equipo es fantástico y tiene jugadores espectaculares".

Hasta este martes, esas alabanzas jamás fueron ofrendadas a ningún equipo de fútbol de Nicaragua.

El proyecto, creado alrededor del técnico Henry Duarte, debe continuar sin demoras ni retrocesos, para que, por fin, Nicaragua comience a dejar su impronta en el balompié de Norte, Centroamérica y El Caribe.

Al final no hubo milagro, pero casi.

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